Un fallo que enaltece la injusticia y humilla a los ciudadanos, insulta a los trabajadores y desprecia a las víctimas del crimen

El policía que se defendió, fue echado de la fuerza y encarcelado.
Los jueces Martín Diego Farrell y María Susana Najurieta siguen en su cargo.
Recientemente la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal, confirmó un fallo por el que con motivo de un tiroteo entre la Policía Federal y Raúl Fussetti y Alejandro Samad, dos delincuentes sorprendidos "in fraganti" cuando asaltaban un garaje y amenazaban con fusilar al encargado, un criminal resulto muerto. Durante el hecho, los delincuentes intentaron matar a los policías, y estos se defendieron resultando la muerte del criminal Fusseti.

La sentencia establece que el Estado además de las costas, debe resarcir el daño moral a la viuda y a los 3 hijos del delincuente abatido, por un total de $85.500 más intereses, ya que según los jueces, el criminal "era esposo y padre", y "su familia ha debido experimentar un dolor moral por su pérdida, dolor que debe resarcirse".

Quienes desde su posición de jueces actuaron descaradamente como cómplices de la delincuencia y escupieron en la cara de toda la sociedad argentina, son Martín Diego Farrell y María Susana Najurieta.

Gracias a ellos, mientras miles de policías que realizan su trabajo en condiciones infrahumanas apenas pueden sostener a sus familias, la familia de un criminal cuya vida era no solo inútil, sino perjudicial para la sociedad, recibirá decenas de miles de pesos pagados por los trabajadores argentinos. Y no solo eso, sino que el policía que se defendió de los disparos de los criminales, hoy está en la cárcel y su familia en la calle, ya que fue expulsado de la fuerza por "exceso en legítima defensa" y condenado por "homicidio".

Teniendo en cuenta que este es solo uno de los muchos casos similares que vomitan diariamente los juzgados argentinos, cabe preguntarse si el personal policial tiene aún algo de dignidad. Por un lado son utilizados como peones descartables para cuidar a criminales de importancia, como son los componentes de la clase política actual, o los mismos jueces que protegen a los delincuentes de toda clase. También son utilizados para reprimir al Pueblo cuando éste intenta resistirse a las esclavitud y a la vida subhumana que le imponen desde el poder. Pero por otro lado son dejados en la calle, escrachados públicamente o encarcelados cuando cumpliendo con su deber abaten o lastiman a un delincuente, o cuando intentan defender el orden en manifestaciones realizadas por organizaciones terroristas que defienden la delincuencia...¿Quiere la policía seguir haciendo el papel de mercenario patético, maltratable y descartable? ¿No será hora de organizarse y tomar una posición?

Por otro lado, la sociedad en general también debería replantearse su postura con respecto a la criminalidad y a su propio papel para combatirla.
Teniendo en cuenta que los criminales son parte funcional de un sistema político corrupto y decadente que, al estar basado en el clientelismo, y al tener interés en mantener a los argentinos encerrados en sus casas con miedo y sin posibilidad alguna de reacción, no tomaría jamás voluntariamente medidas serias contra ellos.

Dentro del sistema político actual, los criminales son punteros políticos, son quienes ayudan a financiar campañas con el narcotráfico, son quienes componen bandas paramilitares o piqueteras destinadas a reprimir y generar terror en el Pueblo, como la del promotor del genocidio de blancos, Luís D´Elia, y son quienes básicamente garantizan el mantenimiento de la población encerrada en sus casas y constantemente preocupada y temerosa de salir a la calle, bajo un ambiente de terror y parálisis. Son los criminales los que le otorgan a la corporación antiargentina de falsos políticos, asesínos en masa y corruptos que nos gobiernan, la tranquilidad de tener un pueblo paralizado con una capacidad de reacción mínima, encerrado en sus propios hogares devenidos en calabozos de la democracia. Y por eso estos criminales son cuidados y protegidos por el sistema actual, mediante organizaciones de derechos humanos, persecuciones a quienes se defienden, desarme de la población, sometimiento de la policía, difusión de la infra-cultura "villera" entre la juventud, fallos judiciales afines a sus intereses, e infinitas medidas políticas, sociales y culturales de todo tipo.
Si el Estado no tiene el menor interés ni voluntad para erradicar la delincuencia de forma voluntaria, de la cual es generadora y cómplice, no queda otra solución. Tenemos que hacerlo nosotros. La mediocridad, la indiferencia y la abulia habitual de la gente que no tiene interés por la política deben ser dejadas de lado y se debe tomar una actitud solidaria y patricia, si se quiere terminar con todo esto. Poner las esperanzas en alguno de los falsos salvadores inventados constantemente por los partidos tradicionales para renovarse ya ha demostrado ser totalmente inútil. Es hora de involucrarse. Todo depende de usted.

El Pueblo Argentino debe constituir grupos de presión que exijan por todos los medios posibles la finalización de la era de muerte y crimen que vivimos. Así como en su momento el Campo Argentino se unió en un frente inquebrantable y se planto frente a la injusticia del gobierno, el resto de los argentinos debemos hacer lo mismo contra la criminalidad y la impunidad, presionando hasta que nuestras legitimas exigencias se cumplan incondicionalmente.
Los criminales locales deben ser identificados y señalados. Los jueces, policías y fiscales que los protegen deben ser escrachados públicamente. Y los policías que son perseguidos por cumplir con su deber, y los trabajadores que son encerrados por ejercer la defensa propia, deben ser apoyados en masa hasta que queden libres de culpa y cargo.
Dada la situación actual, que Argentina despierte de su pesadilla solo depende de la voluntad del Pueblo. Los barrios deben organizarse para su defensa, y el MJL está dispuesto a hacerlo.
Que sean los criminales quienes vivan entre rejas, y no los trabajadores.